Grupo Educación y Empresa

Educando en competencias

ASÍ TERMINAMOS LA EDITORIAL PASADA:

By admin | enero 19, 2015 | 0 Comment

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Así terminamos la editorial pasada:

Editorial 24 2014

“Ahora la pregunta inicial de esta editorial toma más fuerza, ¿Qué debemos enseñar? ¿Estamos seguros qué lo estamos enseñando bien? ¿Confiamos en eso que hacemos? Si la sociedad ha fracasado para muchos, ¿Qué papel juega la educación en ese fracaso?…”

En un mundo lleno de teorías y de conceptos de todo tipo: religiosos, científicos y míticos, salidos de la cultura oral, de las creencias populares, de las historias antiguas, cobran bastante sentido las anteriores preguntas. Enseñamos desde lo más elemental: caminar, comer, hablar, hasta lo más complejo, y en esa historia de la enseñanza y el aprendizaje, del saber saber al saber hacer en contexto, podemos encontrar una infinita posibilidad de enseñanzas y aprendizajes. Mejor podríamos cambiar la pregunta y plantear una más simple: ¿Qué no debemos enseñar? Quizá la respuesta sea que no debemos enseñar aquello que no sirva para el contexto, no debemos enseñar aquello que desde la subjetividad consideramos importante.
No debemos enseñar datos, cifras o conceptos, si no van acompañados de razones, intereses o propuestas.

No debemos enseñar temas aislados sin referentes prácticos, debemos pensar siempre en eso que enseñamos, en como se puede ilustrar o representar de forma concreta en la realidad, si no es posible, NO lo enseñes.

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Los conocimientos son excusas para desarrollar competencias, “todos” los conocimientos son aportantes en la medida en la que solucionan problemas en el mundo, o en nuestra vida personal, o en la medida en la que nos hacen felices. ¿No cumplen con eso? elimínalos de tus clases.

En Colombia, los lineamientos o los estándares NO dicen que se debe enseñar, sí argumentan las razones por las cuales se deben enseñar determinadas ciencias y proponen objetivos o metas, similares para todos los estudiantes. Esa autonomía trazada por estos documentos y estos estudios categorizan las razones del porqué deben ser enseñadas, dejando a un lado las enseñanzas mismas, las cuales deberían ser escogidas por el docente de acuerdo al contexto.

Muchos docentes afrontan sus primeras horas de trabajo partiendo de los programas o planes de área de otros compañeros, porque otros compañeros ya han dictado esa misma área del conocimiento en esos mismos grados en otras Instituciones Educativas, grave error, pues las planeaciones deberían surgir de las necesidades del contexto, de los intereses y el diagnóstico previo. La queja de los estudiantes y su poco interés por la escuela, se entiende fácilmente: Los contenidos no les hacen felices y no les ayuda a resolver problemas. En pocas palabras, son contenidos vacíos como cáscaras de huevo sin algo adentro. Se repiten superficialmente, y cuando pregunta ¿Para qué aprender eso? La respuesta más común de los docentes puede ser: “Te servirá en algún momento de la vida”.

Muy posiblemente la sociedad fracasa por la falta de pasión, porque transita caminos sin preguntarse el porqué andarlos. La educación es el camino, transitado por excelencia y poco reflexionado por excelencia. No le podemos pedir a un estudiante que sea crítico, creativo o interesado, cuando notamos que muchos docentes no son ni críticos, ni creativos ni apasionados. Esa es una de las razones del porqué del fracaso de las sociedades.

Únicamente recuerdo a los profesores apasionados por lo que enseñaban, y aunque me resultara interesante o no, su pasión me enseñó a apasionarme.

Eduardo Montoya Castañeda
Director General
Grupo Educación y Empresa

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