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PROFESOR: ¡APRENDE A DESAPARECER!

By admin | enero 19, 2015 | 0 Comment

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Profesor: ¡Aprende a desaparecer!

Editorial 7 2014

La anécdota que a continuación van a conocer, se me ha vuelto recurrente contarla en muchas de mis charlas con docentes.

En el año 2005, inicié una bonita experiencia laboral en un colegio de la ciudad de Medellín, había sido contratado para dictar el área de filosofía, o por lo menos eso me habían dicho en la entrevista. Sin embargo la pregunta que me hacía era ¿cuántas horas voy a dictar?, pues en el colegio solo había un grupo en 10º y uno en 11º, y normalmente la cantidad de horas de filosofía que se ven en un grado son 2, eso sumaba en total 4 horas, y ¿las otras horas que iba a hacer? Pues en los otros grados no se ve filosofía.

Los primeros días fueron de introducción, muy agradables por cierto; y luego de una semana de trabajo, por fin recibí mi horario, suponía antes de leerlo, que dictaría adicional a filosofía, religión o ética, ciencias sociales tal vez, o competencias ciudadanas. El horario decía:

“Eduardo Montoya.
Área: filosofía.
Grados: 5º a 11º”

Sí, quinto de primaria hasta 11º, que extraño sonaba trabajar filosofía en grados inferiores, cuando estaba estudiando en la universidad siempre me visionaba trabajando en 10º y 11º, con estudiantes que “ya tienen” una capacidad de reflexión mayor, o por lo menos eso pensaba hasta ese año, y más cuando solo había trabajado en esas edades y en esos grados superiores, supuse podría ser un error, le pregunté al coordinador, el revisa el horario y me dice: “en efecto hay un error, no es desde 5º, es desde 3º de primaria”

Y así aprendí a desaparecer, no porque fuera a renunciar…

En la universidad tuve la posibilidad de acercarme a lo que se conoce como “Filosofía para Niños” gracias a un par de seminarios, pero una cosa era en la teoría la filosofía para niños y otra en la practica. Para iniciar, solo conocía un colegio que trabajaba ese proyecto, por otra parte desde mi perspectiva no estaba preparado. Aunque lo quería afrontar. ¿Cómo abordar los niños? ¿Qué palabras usar? ¿En qué tono hablar? ¿Qué temas trabajar?. Estas preguntas eran más complejas de resolver, pues hace 10 años la facilidad de acceder a los libros de Matthew Lipman, padre de la FpN (siglas que significan Filosofía Para Niños), era algo complejo, y en internet la información era bastante precaria, y mas si la buscaba en español.

Todas esas preguntas tenían mas o menos la misma respuesta, “Aprender a desaparecer”, pues en un mundo lleno de preguntas, también sobran las respuestas, y las respuestas solo sirven si tu las creas para ti mismo, si por convicción las aceptas y compartes, en vez de aceptarlas por obligación.

Los niños son filósofos por naturaleza, a diario se interrogan y desafortunadamente ese mundo que van construyendo va desapareciendo a medida que los “acartonamos” en paquetes prediseñados de respuestas. Las preguntas que me hacía de que enseñar, como abordarlos y en que términos, mostraban mi restricción de pensamiento y mi afán de enseñar, en vez de tener una posición de dejar que aprendan, para eso era, es y seguirá siendo la filosofía.

En la FpN hay muchos conceptos relevantes, entre ellos: “la comunidad de indagación” el “care thinking o pensamiento crítico y cuidadoso” o “La Mayeútica”.
Cuando se inician las clases y se llevan algunos temas para discutir, sin afán de dar respuestas, sucedía algo, los chicos aprendían a plantear respuestas, a escucharse, a reírse, refutar y aceptar lo que otros decían. Como docente entendí que debes pasar de ser el centro de la clase a ser parte de la clase, a ser uno más que se pregunta, que escucha sin juzgar, y esa es una de las enseñanzas más valiosas para los estudiantes, ver como te apasionas por seguir aprendiendo. En alguna clase mi sensación más valiosa y que mejor recuerdo es que durante 45 minutos discutieron de un tema con altura y excelente disposición, yo estaba al fondo del salón, detrás de ellos, simplemente escuchando como si fuera uno más. Ya había desaparecido.

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Esta posición de “saber desaparecer” es ahora una de las más actuales, el acceso al conocimiento cada vez es más libre, más fácil, más rápido y en cada momento de mejor calidad. Con los medios tecnológicos la FpN y sus conceptos centrales son cada vez más fáciles de recrear, los estudiantes cada vez llevan más conocimientos a las clases, la ciencia cada vez es más falible, mas cambiante, los conocimientos más susceptibles de perfeccionarse, aprendemos a desaparecer en los ambientes de aprendizaje o desapareceremos.

Como empresa tenemos varios retos, entre ellos aprender a desaparecer, aprender a usar las herramientas tecnológicas, como tabletas, y no tener miedo de que ellos las usen por sí mismos, es una tarea ardua pues es reconfigurar el chip, es pensar el mundo educativo de otra manera. Cuando los estudiantes usan nuestras tabletas, les pedimos el favor de ver el primer vídeo, cuando algunos acaban de reproducirlo, otros ya están en el segundo, otros lo han parado y están pensando en lo que ven, otros molestan y se ríen de lo que están percibiendo, pero todos están aprendiendo. No puede existir una forma lineal de aprender, de hecho nunca ha existido… ahora nos asombramos, porque nuestros hijos saben miles de cosas que no les hemos enseñado, vamos a hacernos una pregunta ¿Nos necesitan para aprender?

Y como ese es el conocimiento del que queremos hablar, esta semana vamos a construir nuevas ideas, que van a servir para la segunda parte de esta editorial y esa segunda parte será con base en los aprendizajes de este martes en nuestra charla sobre “Uso de las tabletas en entornos de aprendizaje” … vamos a construir nuevos conocimientos y la otra semana les vamos a contar que aprendimos…

Eduardo Montoya Castañeda.
Director General.
Grupo Educación y Empresa.

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