Grupo Educación y Empresa

Educando en competencias

Reflexión sobre la evaluación

By admin | mayo 23, 2015 | 0 Comment

EDITORIAL-37-EYE

¿Para qué evaluamos?

Siempre hacemos una pregunta inicial en nuestras capacitaciones o talleres sobre evaluación. ¿Para qué evaluamos? Pedimos siempre que los asistentes respondan desde su verdad interna, desde lo primero que piensan o desde lo que realmente sienten, sin disfrazar el pensamiento.

Algunas de las respuestas que hemos recolectado son:

“Evalúo cuando es necesario poner orden”.

“Evalúo para demostrar lo que les falta por saber, para que tomen conciencia de su ignorancia”.

“Evalúo para definir los logros alcanzados”.

“Evalúo para definir quienes pasan y quienes se quedan”.

“Evalúo porque es obligación evaluar, la verdad creo que más allá de la nota lo que importa es la actitud y el esfuerzo”.

Nos llama la atención que la mayoría de las veces por no decir todas, la evaluación recae sobre el estudiante, rara vez sobre quién evalúa como método o instrumento para mejorar. Quien dice: “Yo evalúo para saber en qué debo mejorar”.

La pregunta podría ganar otro tono. Antes de preguntarnos ¿Para qué evaluamos? Podríamos preguntar ¿Cuál es nuestra intención a la hora de evaluar? Lo que llevaría a una pregunta más amplia y un marco de referencia más extenso. Pensaríamos en expectativas, necesidades, intenciones. Y necesariamente pensaríamos en ¿Cuál es mi intención formativa? Sí estamos de acuerdo con esta última pregunta para iniciar un proceso de formación. Y si necesariamente pensar la evaluación nos ha llevado a pensar la formación podríamos preguntarnos, ¿Cuántos de nosotros como docentes iniciamos la planeación pensando la evaluación y no la formación?

Pensemos esto, debemos enseñar tal tema o desarrollar tal competencia. Entonces pensamos y calculamos como voy a evaluar eso que voy a enseñar, cómo voy a estar seguro que lo aprendan, ¿Qué debo planear y qué debo enseñar para lograrlo? ¿Qué deben hacer ellos para aprenderlo? Si tengo claro que debo evaluar, puedo definir qué voy a enseñar, no me debe importar enseñar mil cosas y preguntar solo una, mejor enseño una y pregunto por una. La evaluación no puede ser la trampa para que estudien, la evaluación debe ser la estrategia para que aprendan.

Por esto es común que alguien pueda ganar una evaluación y saber menos que la persona que la perdió. Tal vez la evaluación está mal balanceada y aplicada. Alguien puede perder por no saber responder a lo que le están preguntando, tal vez la evaluación está mal diseñada, incomprensible.

Para muchos el proceso y desarrollo curricular sigue un itinerario: “Definición del perfil del profesional que se quiere formar, identificación de su «rol» y funciones y competencias que lleva asociadas, análisis de los contextos en que se tendrán que aplicar y generación de estrategias de aprendizaje y de evaluación que permitan su desarrollo” . Es este un proceso ideal, pero que pasa cuando un estudiante termina laborando en un trabajo diferente al que ha sido formado, que pasa cuando las competencias cambian. Este es un ejemplo de una planeación de corte conductista.

El adquirir una nueva competencia genera un efecto directo sobre nuestra capacidad para interpretar y dotar de nuevos sentidos a la realidad sobre la que actuamos, la realidad que experimentamos. Desde estas nuevas dimensiones, el desarrollo competencial aporta nuevas metáforas, nuevos puntos de encuentro que actúan de mediadores en nuestras interacciones con la realidad y la dotan de significados nuevos y más relevantes. Así la evaluación debe ser pensada desde el inicio, como punto de partida, camino y meta. La evaluación debe evaluar todo el proceso, del estudiante, del docente, del conjunto.

La evaluación es nuestra arma, allí reside gran parte de nuestro poder. El reto es saber usarla.

Eduardo Montoya Castañeda
Director General
Grupo Educación y Empresa

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