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Burnout presente en las escuelas

By admin | abril 9, 2020 | 0 Comment

Burnout en las escuelas

Existen enfermedades modernas que pueden convertirse en parte de nuestro ciclo de vida; por ejemplo, el síndrome de burnout, que es un tipo de estrés que se desencadena a partir del trabajo con otras personas. El modelo aceptado para entender este concepto lo estableció Maslach (1982, 1999). Él plantea que podemos identificar el estrés crónico laboral o burnout mediante 3 factores: cansancio emocional, despersonalización y baja realización personal. Esta condición desfavorable puede presentarse en muchos ambientes y la escuela no está excluida. Por ello, hablaremos de burnout en docentes.

En las aulas, el docente se enfrenta a una situación muy particular, puesto que atiende, a la vez, a diversos estudiantes —y cada uno es un caso particular—. Este fenómeno se agudiza si tenemos en cuenta el «doble trabajo» que caracteriza al docente latinoamericano; como indica un estudio con más de 8 mil docentes en 16 países de Sudamérica, ellos presentan, como una opción común, el trabajo adicional o doble trabajo (Murillo y Román, 2013). En otra investigación, con una población de 830 docentes de centros escolares, el 23 % respondió que su trabajo es «siempre» estresante y el 38 % afirmó que «a menudo» estresante. En otras palabras, el 61% de profesores percibe su trabajo en la escuela como estresante. Se podría pensar que el causante de este síndrome es el trabajo con los estudiantes. Pero la realidad es otra. El estrés proviene de los siguientes indicadores: constantes evaluaciones docentes, burocracia, inconsistencias en el plan de estudio e, incluso, la percepción de poco valor hacia el trabajo docente (American Federation of Teachers [AFT] y Badass [BTA], 2017). Y lo más alarmante de esta situación es que el burnout se relaciona significativamente con la depresión (Bianchi, Mayor, Schonfeld y Laurent, 2018; Schonfeld y Bianchi, 2015).

¿Qué sucede en nuestro cerebro y en nuestro cuerpo ante el burnout?

El burnout, estrés crónico o permanente producto del trabajo, afecta áreas como la amígdala (emociones), tiene consecuencias negativas en la neurogénesis del hipocampo (que concluye en un déficit en la memoria) (Egeland, Zunszain y Pariante, 2015) y genera daños en la corteza prefrontal (se relaciona con la reducción del control personal y la toma de decisiones) (Apkarian et al., 2004).

A nivel del sistema nervioso simpático, el burnout origina un estado de alerta continuo, que se traduce en desgaste energético y malestar corporal. También, el sistema inmune se ve vulnerado: disminuye la reacción defensiva ante patógenos (Lim, Huang, Grueter, Rothwell y Malenka, 2012).

¿Qué hacer?

La neurociencia intenta comprender cómo reacciona nuestro sistema nervioso ante el burnout, desde sus bases bioquímicas y anatómicas, para diseñar futuras soluciones. Entre las múltiples opciones, se pueden utilizar técnicas de relajación que poseen un efecto de amplitud en el sistema nervioso parasimpático e inducen, nuevamente, un estado normal o de homeostasis (Jerath, Crawford y Barnes, 2015). A nivel conductual, se pueden realizar las siguientes acciones:

  1. Hacer un autodiagnóstico o diagnóstico de la persona afectada: evaluar indicadores como el sentimiento de agotamiento ocasionado por el trabajo (1), baja empatía (2) y disminución del sentimiento de autorrealización (3). Si están los 3 presentes es signo de alerta.
  2. Actuar en colectivo y no aislarse: grupos de apoyo que podrían ser la familia, la pareja, los colegas o los jefes. Recuerde que el problema de burnout docente es institucional.
  3. Buscar ayuda profesional para una atención personalizada o en grupo: hablar con la administración del centro educativo y establecer programas de capacitación y coaching para grupos grandes de docentes. Esta solución puede convertirse en una política interna de la institución a la que pertenece.

 

Fuente: cerebrum.la

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